Mientras el gobierno de Javier Milei impulsa una reforma laboral regresiva, millones de trabajadores y trabajadoras de la economía solidaria podrían quedar aún más expuestos a la inestabilidad, la pérdida de ingresos y la desprotección social.
La reforma laboral que el oficialismo busca consolidar en el Congreso de la Nación Argentina no solo impactará sobre el empleo formal, sino que también tendrá consecuencias profundas sobre el universo de la economía solidaria, un sector que hoy constituye el sostén cotidiano de millones de familias frente al avance de la exclusión.
Lejos de promover empleo genuino, las modificaciones propuestas consolidan un modelo basado en la flexibilización, la individualización de los vínculos laborales y la reducción de responsabilidades empresariales.
Este escenario debilita aún más las condiciones de quienes ya trabajan sin estabilidad, sin indemnización, sin licencias pagas y sin garantías mínimas.
Más precarización, menos derechos
La economía social y solidaria está compuesta por trabajadores y trabajadoras que desarrollan actividades en cooperativas, emprendimientos autogestionados, oficios comunitarios, servicios de cuidado, construcción, reciclado, agricultura familiar y múltiples formas de producción y trabajo territorial.
En este sector, el trabajo no es una mercancía más, sino que se trata de una estrategia de supervivencia colectiva.
No obstante, la reforma avanza en un sentido contrario a su reconocimiento y fortalecimiento. Al promover figuras de contratación más flexibles y reducir el peso de las indemnizaciones, se consolida un modelo donde el riesgo recae exclusivamente sobre el trabajador, debilitando cualquier posibilidad de estabilidad.
Esto genera un efecto de arrastre: en un mercado laboral más precarizado, se deterioran las condiciones generales del trabajo, empujando a más personas hacia la informalidad y debilitando el poder de organización colectiva.
El riesgo de consolidar una economía de la exclusión
Estas reformas profundizan la desigualdad estructural, al no reconocer el rol productivo de la economía solidaria ni generar mecanismos reales de inclusión.
La ausencia de políticas que promuevan el acceso a derechos, el financiamiento productivo y la formalización progresiva consolida una economía fragmentada, donde millones de personas trabajan sin protección ni reconocimiento.
En lugar de fortalecer el entramado comunitario y productivo que sostiene los territorios, la reforma laboral apunta a reducir derechos históricos, debilitando la capacidad de organización y negociación de los trabajadores en todos los sectores.
La economía solidaria como respuesta
Frente a la retirada del Estado y la falta de empleo formal, la economía solidaria ha demostrado ser una herramienta fundamental de organización social, producción y generación de ingresos. Lejos de ser un sector marginal, constituye una respuesta concreta a las crisis económicas recurrentes que atraviesa la Argentina.
Desde la Mutual Carlos Mugica sostenemos que cualquier reforma laboral debe partir del reconocimiento del trabajo en todas sus formas, garantizando derechos, promoviendo la organización colectiva y fortaleciendo las experiencias productivas que nacen desde el territorio.